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¿En qué momento nos olvidamos de nuestros orígenes, de lo que comíamos cuando éramos niños y nuestras madres nos cocinaban con tanto amor?
¿En qué momento dejamos de ver la comida como un encuentro de amor, un encuentro fraternal, para convertirlo en solo tres momentos al día (si es que el tiempo nos alcanzaba) para no sentir “gastritis” y otras banalidades?
Lo esencial se nos fue pasando, con la excusa que no nos alcanzaba el tiempo, por nuestro trabajo quizas. Hoy gracias al aislamiento obligatorio en todo el mundo, volvimos a compartir en familia, volvimos a darnos cuenta que sentarnos a la mesa y compartir, es algo sagrado y esencial.
Dejamos a un lado la tecnología, algo irónico para estos tiempos, ya que dependemos de ella en muchas situaciones para trabajar, pero sucede que llega el momento de reunirnos a disfrutar, y no queremos tomar más fotos de nuestros platos, ni ver más redes sociales, mucho menos teléfonos celulares y chats.
Bien lo dicen los eruditos en el tema, que “volver a lo esencial” es volver a encontrarnos con esa capacidad de disfrutar en presente los instantes de la vida, a valorar lo positivo que tienen las personas que nos rodean, a liberar resentimientos y experimentar el amor hacia nosotros mismos y hacia los demás.
Y es por eso que esta cuarentena los modales en la mesa volvieron a revivir y aparecer, así como el respeto por quien cocina y pone su empeño en darnos su amor en sus preparaciones, todo ello y muchas otras situaciones que habíamos olvidado ahora dicen presente en medio del “encierro” obligado, por eso es que agarrarse de las manos, para dar las gracias por estar juntos, ahora es esencial.
Ya no importan los productos de alto costo ni aquellos importados, ahora importa el amor con el cual es elaborado ese plato que está llegando a la mesa y que podemos compartir y disfrutar.
Me encanta, sentarme con mis hijas y mi esposo a comer, y escuchar las historias de ellas, sus chistes, sus frustraciones, sus sueños, porque ya no tengo afán de levantarme, recoger los platos y lavarlos e irme, prefiero esperar junto a ellos, escucharlos y cuando ellas y él acaben, reflexionar y seguir.
En qué momento no teníamos tiempo para nada, sería el tráfico, las filas de los bancos, o era que quería evadir los tiempos para no compenetrarme con nadie. No sé, pero puedo estar segura que, si miramos y analizamos esta situación mundial, nos colocó en el sitio que debemos estar y con quien debemos estar. Podemos vivir sin muchas cosas materiales, sin algunas personas, en conclusión, podemos vivir con lo esencial.
¿Cuál va a hacer tu nuevo “yo”, tu nueva forma de ver la vida, tu nueva esencia, tus nuevos sueños apenas pase este momento? Dice la historia, que después de las pandemias, fiebres, pestes, plagas, guerras, que hubo en tiempos pasados, unos aprendieron y avanzaron, y otros se quedaron esperando una rutina, que era la que no estaba bien.
Por lo menos yo quiero seguir así, unida con mi familia, apreciando cada segundo de vida, viendo crecer a mis hijas y enseñándoles que juntos podemos salir adelante con firme propósito y aceptación.
Que no se nos olvide la gran lección que el planeta nos está dando de volver a lo esencial en la vida que es ella misma: sencilla, en presente y sin prisa.
Hasta mi próximo post.
