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Emprendimientos : ¿Quebrar o no quebrar?, esa es la cuestión

Publicado por Catalina Verónica Perez Jaimes en mayo 28, 2020
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No hace mucho tiempo, vi un programa en un canal de televisión de los Estados Unidos, que trataba de como ciertos emprendedores habían llegado a ser multimillonarios y me llamó poderosamente la atención al escuchar decir a uno de ellos que él había empezado desde abajo, repartiendo periódicos y que se quebró tres veces, pero que, de cada caída, de cada quiebra había aprendido algo.

A mí me marcó mucho ese capítulo, pues yo llevo en mis quince años como emprendedora del sector gastronómico cuatro quiebras económicas, si cuatro quiebras, así como lo estas leyendo, de todas he aprendido, y he sacado experiencias y aprendizajes para mi vida profesional y también para colaborar con los demás, asesorándolos para empezar o para optimizar sus emprendimientos.

La primera fue en el año 2007 con mi primer restaurante en la ciudad de Bogotá. Monté una sociedad con mi esposo, mi hermano, mi mamá y mi cuñada.

Nos lanzamos al agua con un restaurante llamado “Shenhua, Cocina en Movimiento”, era cocina de autor. Mi esposo también es Chef, para esa época ya contaba con 15 años de experiencia en la cocina como chef ejecutivo de importantes cadenas hoteleras y restaurantes de gran nivel, se sabía todos los secretos para un buen plato y algo no menos importante como brindar un buen servicio al cliente. Y yo con mis otros 10 años de experiencia para esa época en cocina y servicio al cliente, todo estaba “servido a la mesa” para tener éxito con este mi primer emprendimiento.

¿Que podría salir mal?

La respuesta es todo, con la emoción a flor de piel y no digerida en la cabeza encontramos un local super bien ubicado-eso creíamos en ese momento- un sector comercial abundante en oficinas por todos lados, sitio privilegiado en el primer piso, peluquerías, vivienda urbana, dos embajadas, no había pierde, íbamos a montar el mejor restaurante del sector que tanta falta hacia.

Hicimos proyecciones de ventas, presupuestos de costos y gastos, diseñamos la carta con excelentes precios y productos de primera calidad, eso es básico, hasta ahí todo marchando sobre ruedas.

¿Pero dónde fallamos?

En algo fundamental: no hicimos un estudio real de mercado, nos dejamos llevar por lo que vimos y por nuestra ilusión óptica de ver tanta gente.

Pues todo ese “hormiguero” era una ilusión, las personas que trabajaban, llevaban su almuerzo diariamente, los grandes ejecutivos rara vez almorzaban por el sector de sus oficinas, hicimos convenio con varias empresas, pero eso no aguantaba para cubrir los costos.

Compramos un carrito para empezar en las horas de la mañana a llevar oficina por oficina, empanadas, arepas, kumis, etc., y eso nos ayudaba, pero llegaba el jueves, viernes, sábado y domingo y ni un alma, y ni pensemos en los “puentes” de fin semana cuando el lunes es festivo.

Y en muy poco tiempo se nos volteó la torta del éxito: en vez de tener 30 días presupuestados en el plan de ventas, se convirtieron en 20 días y a veces hasta menos. Vaya sorpresa.

Gastamos hasta las ganas de dormir en ese sitio, con remodelación hecha por nosotros al local, adecuación de muchas cosas, le dijimos adiós a ese local, inversión de adecuación perdida pero no le dijimos adiós a la marca.

No sé si vendría a ser la segunda o continuación de la primera fase. Mi hermano y mi cuñada dijeron: “no más, no hay plata ni bolsillo que aguante, la embarramos así que chaolines”.

Bueno quedamos mi mamá, mi esposo y yo, nos fuimos para una plazoleta de comidas en la ciudad de Bogotá, con un concepto gastronómico totalmente diferente. Cambiamos de precios, esta vez fue una carta especializada en arroces de todas las partes del mundo, buen local, bien ubicado (otra vez) universidades, oficinas, apartamentos, otro estrato.

Pero la volvimos a embarrar, el arriendo del local no es que fuera tan económico porque quedaba al lado de un restaurante de comidas rápidas muy famoso “Hamburguesas El Corral”. Yo como siempre veo el vaso medio lleno, pues vi eso como algo positivo, el Corral atrae gente, así que había ventas para todo el mundo- eso creía yo- otro error, aunque ya era consciente que los emprendedores enfrentamos una realidad común, las probabilidades de fallar son altas, pero esto no me abrumó y comencé a entender que uno debe reinventarse constantemente.

Ese concepto de que al lado de ese “Corral” había ventas para todo el mundo no fue así, por el contrario, se llevaban a todo el mundo literalmente. Y rematamos con que abrieron un Crepes and Waffles en el primer piso, ya se imaginaran como quedamos.

Pero si vendíamos, esta vez cubríamos los gastos, pero no ganábamos sueldo. Y mi primera hija- Zara Alejandra- estaba recién nacida, hablo del año 2009, no había ingresos para pagar niñera, así que la llevábamos a trabajar con nosotros

Con esa situación, mi esposo se fue para Medellín a trabajar, le salió un buen puesto, mi mamá no podía ser más el “colchón” del negocio, y me quede sola mientras vendía el negocio. Tranquilos, Zara Alejandra se empezó a quedar con una tía mía que vivía cerca, así que podía irme a trabajar.

Terminé vendiendo parte del inventario del restaurante y cerré. Pero cerré el local, no mi marca, “Shenhua Cocina en Movimiento”.

Para sobreponerme de este fracaso no solo necesité pasar por el proceso de duelo y aceptarlo, también necesité de una mentalidad resiliente que me sirvió para adaptarme a escenarios perturbadores y a estados y situaciones adversas.

Mi esposo volvió a Bogotá, a la hora de la verdad no era tan maravilloso el trabajo en Medellín, y los dos con los brazos cruzados sin trabajo y con una beba. Pues entregue apartamento y mi mamá nos recibió en su apartamento, mientras volvíamos a empezar.

Desde ese momento hasta que mi esposo se estabilizo laboralmente pasaron 6 meses, apenas el firmo contrato, mi hermano me presto una plata y empecé a viajar para vender ropa, cambié de rol, pero mis sueños y pasión se mantenían intactos. Esta nueva actividad como vendedora de ropa me permitió pasar más tiempo con mi hija y no tener un gasto adicional de niñera, por el momento.

Como lo mío siempre ha sido la cocina y las ventas, pues me ingenie dictar clases en los conjuntos residenciales, a un precio económico por clase y dábamos degustación y la receta. Al principio, el cupo lleno, las personas felices, aprendiendo y disfrutando de lo que hacíamos, esta vez incluimos a mi cuñado, gran chef también que venía de ser el chef Ejecutivo del Club El Rodeo de Medellín. Que más experiencia querían tener, éramos un trio dinámico.

Y aquí va nuestra segunda con cara de tercera, invertimos en inventario para poder trasladar los equipos de conjunto en conjunto, teníamos todos los días copados con clases en la tarde-noche, me inscribí a varias ferias residenciales, en colegios para ir con la marca que volvió a surgir “Shenhua Cocina en Movimiento”.

Diciembre, era el mes del año, full de trabajo, así duramos dos años, hasta que mi cuñado se tuvo que regresar a Medellín, mi esposo no aguanto la carga laboral del trabajo más los eventos y clases, y quede sola con un poco de equipos e inventario nuevamente.

En ese momento les di la razón de, aunque nos iba bien, dividir todo entre tres pues muy difícil y era mejor conservar el trabajo fijo que ponernos a correr por todo Bogotá.

Y llegó una nueva época, nos trasladamos a vivir a la ciudad de Armenia, y vamos para la cuarta experiencia: Nace “Clandestino Cocina en Movimiento”.

Montamos el local con mi hermano, mi mamá y yo, de hamburguesas artesanales. Esta vez pensé que no habíamos olvidado nada, no habíamos dejado nada por fuera del tintero.

Racionalizamos costos fijos alquilando un excelente local a buen precio, registro del negocio en cámara de comercio de Armenia, buena ubicación, parqueadero para los clientes, sector comercial y residencial, nos registramos en todas las plataformas virtuales de servicio de domicilios, precios aceptables para la región, conseguimos unos estudiantes universitarios que nos manejaban la página de Instagram, hicimos estudio de mercado para saber que le gustaba al quindiano, la mano de obra era mínima, porque yo era “soy la”.

Se estarán preguntando: ¿si tenían todo cubierto que pasó? Pues las personas buscaban una experiencia no tanto de comida, sino de lugar. Y el local era pequeño, agradable pero no teníamos mayor decoración. No nos enfocamos en eso. Terminé cerrando el local, y comencé a enfocarme en solo domicilios desde la casa.

Tú que me lees, pensaras que fui o fuimos muy ingenuos, que no aprendimos y queríamos jugar con la suerte a ver que sucedía con la plata, si le pegábamos o no a la “lotería”.

Pero si aprendimos y saque muchas cosas maravillosas de todo este emprendimiento, a continuación, te hago un pequeño resumen:

1. Gracias a “Clandestino Cocina en Movimiento” he sido nominada dos veces a los Premios la Barra. Una en el 2019 como “Mejor Restaurante de Comida Rápida” del Eje Cafetero y la segunda este año 2020 como “Mejor Nuevo Cocinero del Eje Cafetero” (www.premioslabarra2020).

2. Me di cuenta de que ser emprendedor es duro, pero no imposible, toca tener un buen colchón económico y energía inagotable, porque esto demanda mucho en el sube y baja que tiene esta montaña rusa.

3. Un buen equipo de trabajo tiene que ser esencial. Seguramente yo podía en muchas ocasiones sacar todo adelante, pero debes tener alguien hombro a hombro luchando contigo. De pronto no haciendo lo mismo, pero si jalando en la misma dirección, lo contrario es remar sobre un barco ya hundido.

4. Todo se puede acabar: la plata, la energía, las ideas, pero nunca renuncies a tu sueño. Transfórmalo, así lo hice yo después de casi cuatro veces, pero lo hice. Volví a empezar no necesariamente de cero.

5. No todo lo que brilla es oro, y nadie suelta la gansa de los huevos de oro.

6. Que así yo estuviera más preparada que un Kumis, siempre hay alguien que sabe más, a veces del mismo tema o de otro. Toca saber escuchar a todo el mundo, y saber seleccionar que te sirve, que no, que te ayuda, que es constructivo para ti y tú negocio. Nadie se acerca para nada malo, de una forma u otra todo el mundo quiere ayudar, a su manera.

7. No gastes dinero en cosas, procesos o personas que no agreguen valor alguno, en otras palabras, no gastes en “maricadas”.

8. Fíjate objetivos reales, estudia la zona, haz estudio de mercado en tiempo real y dedícale un buen tiempo a este tema, utiliza herramientas de mercadeo. El corazón es buen consejero en otras ocasiones, en los negocios no. Así que, con los pies en la tierra, aunque en esta vida nada está escrito y uno nunca sabe cuándo “le vamos a pegar al perrito”.

9. Decir NO también es una respuesta valida y hay que saberlo decirlo en el momento perfecto.

10. La familia siempre va a estar ahí, en las buenas y en las malas. Si triunfas o quiebras, para los ojos de ellos siempre vas a ser un ganador y un ejemplo que seguir.

11. Todo lo que he vivido tiene un valor incalculable, que hoy transmito en mis asesorías. Así que ahí te dejo la pregunta, ¿será que en realidad quebré?

12. La palabra clave para asociar al fracaso es el aprendizaje. En la medida en que digas “yo ya experimenté esto, ya aprendí estas condiciones” te motiva a decir la próxima vez lo haré mejor. Por qué quiéralo o no, el fracaso es algo inherente al emprendimiento, pero siempre te dejará las mejores lecciones como emprendedor si estás dispuesto a resurgir.

13. Que, si mañana me voy de este mundo terrenal, me voy tranquila, porque nunca me quedé en el fondo lamentándome, siempre salí a flote por un lado u otro. Y esta es mi última conclusión, porque me aprendí a conocer, aprendí a ser guerrera, a ser “soy la”, a ser emprendedora, a sonreír, aprendí a sacarle provecho a mis conocimientos no solo profesionales sino de las experiencias vividas, aprendí finanzas enfocadas a los negocios y costos (porque en el colegio y universidad no daba pie con bola).

Desde el punto de vista psicológico, las crisis -léase quiebras- son tan comunes como necesarias para el desarrollo de uno como persona y no siempre se trata de aspectos negativos, cualquier obstáculo que se nos presente, por insignificante que pueda parecer, representa un desafío que ha de ser resuelto y superado, nos llevará a una etapa en el espiral de nuestro crecimiento como persona y como empresario.

Por esas lecciones aprendidas le enseño día a día a mis hijas a salir adelante con lo que tenemos, con nosotros mismos y nuestras capacidades, a movernos más rápido que el mundo o si no nos lleva la corriente, a ser humildes (porque ese fue un gran error de nosotros, por creer que nos la sabíamos todas), y bueno a creer en nuestras capacidades y lo más importante a tener confianza en nosotros mismos.

Hasta el próximo post.

Catalina Verónica Pérez Jaimes.

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1 Comment

  1. Giovanny Rottaro dice:
    junio 3, 2020 a las 9:43 pm

    Excelente post!!

    Responder

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